
Lídice Briceño de D’Elia, también conocida como Lídice D’Elia, es una ceramista venezolana cuya trayectoria artística se desarrolló principalmente en Caracas durante las décadas de 1980 y 1990. A través del barro, el gres, los esmaltes y las posibilidades expresivas del fuego, desarrolló una obra que abarca vasijas, ánforas, recipientes y formas escultóricas, caracterizadas por superficies texturizadas, erosionadas y deliberadamente envejecidas.
A lo largo de su vida, Lídice ha mantenido una relación constante con el trabajo artístico y artesanal, explorando distintas disciplinas, técnicas y materiales. Además de la cerámica, ha trabajado en orfebrería, diseño de interiores, repujado en cuero, costura, dibujo y acuarela. Esta inquietud creativa ha permanecido a través de los años, llevándola continuamente a aprender nuevas técnicas y encontrar nuevas formas de expresión. En años recientes, ha continuado dibujando y estudiando acuarela.
Formación y cerámica
Su formación en cerámica está documentada desde 1980, cuando realizó estudios en la Escuela de Artes Visuales Cristóbal Rojas de Caracas bajo la dirección de la ceramista Esther Alzaibar. Durante los años siguientes continuó su formación en la misma institución, incluyendo estudios con Dinorah Morazzani, y posteriormente profundizó en los aspectos técnicos de la cerámica en el Taller Escuela Arte y Fuego, donde estudió torno y trabajó con pastas, engobes, esmaltes, distintas temperaturas y procesos de quema con profesores como Cándido Millán y Augusto Gil García.

Materia, fuego y tiempo
A mediados de los años ochenta comenzó a participar regularmente en exposiciones colectivas. En 1984 formó parte de Barro y Fuego 84, presentada en Coro por el Grupo Barro Rojo de Caracas. Al año siguiente participó en la Exposición Colectiva de Cerámica realizada en la Casa de la Cultura Dr. Víctor Manuel Ovalles de San Juan de los Morros, junto a otros ceramistas venezolanos.
Hacia finales de la década, su obra circulaba también a través de la tienda del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, que adquiría periódicamente piezas producidas en su taller. En 1989 presentó allí una de las exposiciones fundamentales de su trayectoria, Barro, Creación y Tiempo. En esta etapa, sus vasijas y recipientes se caracterizan por superficies agrietadas, desgastadas y erosionadas que evocan objetos transformados por el paso del tiempo. Esta cualidad fue destacada por los críticos que escribieron sobre su trabajo.



Docencia y trayectoria
La relación de Lídice con el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas se extendió más allá de la exhibición de su obra. A comienzos de los años noventa, también se desempeñó como docente de los talleres de cerámica del museo. En 1991 impartió talleres para adultos que combinaban el aprendizaje de técnicas básicas de amasado y modelado con la exploración de las posibilidades expresivas de la arcilla.
Ese mismo año fue aceptada como miembro de la Asociación Venezolana de las Artes del Fuego (AVAF), en reconocimiento a su trayectoria y a la coherencia de su trabajo, y continuó participando en exposiciones vinculadas a la cerámica y las artes del fuego.
En 1992 presentó en la Librería Tienda de Arte La Merced, en Maracaibo, otra de sus exposiciones individuales más importantes: El barro: Color y carne de América. La muestra reunió aproximadamente dieciocho piezas y recibió cobertura en la prensa local y nacional. Las reseñas de la época volvieron a destacar el carácter de sus recipientes y vasijas, cuyas superficies podían sugerir objetos recuperados del mar o transformados por el agua y el tiempo.
También en 1992, su obra Cacharros con dos argollas ingresó mediante donación al Museo Caracas.
Una práctica en constante exploración
Lídice continuó vinculada a la cerámica, las artes del fuego y la formación artística durante los años siguientes, participando en exposiciones colectivas y actividades de la Asociación Venezolana de las Artes del Fuego. En 1997, una cartelera cultural de El Nacional anunciaba una exposición de cerámicas de Mariana Diekman y Lídice D’Elia en la Tienda Museo del Museo de Bellas Artes de Caracas.
A lo largo de su trayectoria, Lídice ha desarrollado una práctica artística marcada por la curiosidad, la experimentación y el aprendizaje constante. En su cerámica, desde objetos de carácter utilitario hasta grandes vasijas y formas escultóricas, exploró las posibilidades expresivas de la materia y la transformación de la superficie, combinando forma, textura, color y las huellas del fuego para crear piezas que parecen poseer una historia propia. Su interés por crear y aprender, sin embargo, nunca se limitó al barro: ha continuado explorando diferentes disciplinas y formas de expresión artística a lo largo de su vida.
